La vida está llena de miedos: miedo a fracasar, miedo a la soledad, miedo a naufragar, miedo a volar, miedo a deambular por una calle oscura y vacía, miedo no ser feliz o hacer feliz a los demás, miedo a acercarse demasiado o a no alejarse lo suficiente. Miedos hay muchos y muy diversos. Los hay del día a día, o con vistas a años a.
Caemos en la tentación de mirar atrás, y temer, cometer los mismos errores del ayer. Y cuando nos envalentonamos y miramos más allá, al futuro más próximo, nos acobardamos con el qué nos deparará. Nos empequeñecemos ante lo que podríamos hacer y conseguir. Caemos en la cuenta de lo que somos: más en nuestras limitaciones que en nuestras virtudes. Nos agazapamos, y en ocasiones, escondemos la cabeza en la tierra como hace el avestruz. Otras pocas, sacamos pecho y tiramos hacia delante “pase lo que pase”, es la coletilla habitual. Mas, la mayoría de las veces, el intento es frustrado por el miedo, y volvemos al lugar de partida. Agazapados, rogando a Dios que nos aliente, que nos ayude a avanzar “a pesar del miedo”.
Al miedo solo se le gana combatiendo. Pensando que cada combate no ganado, no es un combate perdido, es un arma a nuestra mano, para saber cómo vencer en el siguiente mano a mano. El miedo se crece cada vez que escondemos la cabeza, y se empequeñece cada vez que le sacamos los dientes. Cada vez que nuestros ojos reflejan el coraje y cada vez que nuestra rodilla se levanta de la tierra.
El temor es un sentimiento intrínseco del hombre. Desde que nacemos tememos. Tememos la oscuridad, tememos estar solos, tememos el abandono. Crecemos y seguimos temiendo. Tememos suspender, no tener amigos e incluso enamorarnos. Nos hacemos grandes y el miedo no desaparece. Tememos el divorcio, el paro y la muerte. Temer es común. No seas mediocre y lucha. Lucha contra el miedo. Vive a pesar del miedo. Confía. Confía en el aliento que te empuja día a día. Confía en la mano que se tiende en tu camino. Confía en ti mismo. Confía en tu fuerza, coraje y valentía. Confía en que Dios te hizo fuerte, que camina contigo, pero que si tú no luchas, él tampoco luchará contigo. Dios no es cobarde, pero hace labor de equipo. Te ayudará a levantarte, te sostendrá cuando azote el viento, pero no puede andar tu camino.
Lucha, vive y piensa a pesar del miedo.