Hace un año, qué distinto era todo...
Hablaba de miedos. Ahora, muchos de esos miedos ya no lo son. ¿Bueno?, ¿Malo? Quién sabe... Ahora hay miedos acentuados, y otros que no lo son tanto... Ahora, mi mundo ha dejado de girar en horizontal, para hacerlo en vertical.
La verticalidad puede llevar al vértigo.
Vértigo que a veces es llevadero, pero otras tantas es de lo más tedioso. Te revuelve el estómago, te entran náuseas, la cabeza no para de girar aunque tus pies estén pegados al suelo. Y giras, y giras, sin rumbo, y cuando por fin te centras, y consigues parar, primero toca vomitar. Vomitar lo acumulado, la tensión soportada, las ilusiones frustradas, las esperanzas perdidas y la ausencia. Mi nueva compañera.
Observo el Sol que entra por mi ventana, que ilumina mi hábitat, y pienso que un atardecer sin nada que perder es muy difícil de entender... Observo las miniaturas que se mueven por la calle. Miro al frente, y veo el cielo. Me siento miniatura observando el firmamento...
Y en el centro, tu estrella... La estrella del abuelo.
Cada día es una nueva oportunidad.
Oportunidad de avanzar. Oportunidad de luchar. Luchar contra uno mismo, contra las auto-trabas, contra los fantasmas. Miro el Sol por la ventana, y pienso... pienso que debo dejar que ilumine mi hábitat. Pienso que debo empujar la niebla, para que la atraviesen los rayos del Sol. Y lo intento. Cada día. Cada mañana cuando me levanto y observo tu regalo. Y lucho. Y soy fuerte. Y me caigo. Y vuelve la tormenta que tapa tu luz. Y a veces saco el paraguas, y otras, me dejo empapar. Y otras muchas, no hay paraguas que valga...
Y a veces, es necesario mojarse para valorar el Sol...
Pequeños y grandes. Así somos.
Empequeñecemos y crecemos. La vida nos pone pruebas que hay que superar... unas más duras que otras... Pero los sabios dicen, que si superas una grande, las demás son más fáciles de llevar.
Paciencia y Tiempo, son las dos cartas con las que hay que jugar.
Suerte en la partida de tu vida.