De vez en cuando, da por pensar y, descubres -a veces con satisfacción, otras con
tristeza- la cantidad de tesoros que tienes… tuviste… podrías haber tenido… o que vienen y que van
y que no sabes si los sabrás conservar…
Tan deprisa pasa la vida... mejor dicho, tanta prisa
tenemos… que, darse cuenta de que lo que consideras “habitual” y “rutinario” en
realidad no lo es… es complicado. Lo que pasa es, que estás tan acostumbrado a
tenerlo, desde siempre… porque sí… porque así naciste… que no te planteas que
haya gente que carezca de ello, o que sólo lo tiene a veces…
El primero y fundamental –más que nada, porque es el que la
mayor parte de las veces menos valoramos- es el tesoro de la Salud. ¿Cuántas
veces jugamos con ella?, ¿cuántas veces nos ponemos en riesgo?, ¿cuántas veces
no nos cuidamos?... A veces, sólo es un catarro, un esguince o un bajón de
azúcar... pero otras… es anorexia, pulmonía o cáncer… A todos nos gusta estar
guapos y sanos, pero para ello hay que poner de nuestra parte… A veces, “no
tenemos tiempo para cuidarnos” aunque estemos hechos polvo, porque nos volcamos
en ayudar a los demás, alegando que “no pueden solos”… pero no nos damos cuenta de que si nosotros
estamos mal, a veces, hay que parar y cuidarse uno mismo primero, para ser
realmente útil a los demás… pues si caes enfermo por no cuidarte… ¿cómo les vas
a ayudar? quizás te conviertas en una “carga”… pues te tendrán que cuidar…
El segundo fundamental: el tesoro de la Amistad. Más de una
vez y más de dos, se suele caer en el
“si le importo ya me llamará”, pero no se cae en la cuenta de que una
amistad es cosa de dos, y que para mantenerla no basta en que uno llame siempre...
Hay que turnarse. Lo mismo pasa con los consejos: es verdaderamente importante
saber escuchar, pero también lo es saber callar, para que el otro pueda hablar.
Si no callas, no te podrán aconsejar... Este tipo de cosas son las que hacen
posible que dos personas, incluso sin verse –pues hay distancia física entre
ellas- puedan ser los mejores amigos del mundo, y se conozcan a la perfección.
La escucha con los cinco sentidos es la “fórmula mágica” para conocer a alguien
de verdad. Para saber si está bien o no… para saber si ríe, pero le preocupa
algo... para saber si está o no enamorado… para saber si, aunque lo disimula
porque está escuchando tu problema, en realidad está llorando en silencio y no
te dice nada “porque tú ya tienes bastante”…
El tercero, pero no menos importante: el tesoro de la Familia.
No siempre se valora lo suficiente. A
veces, se cae en la crítica por rutina y no se piensa en que hay familias que
no están unidas, que hay familias que tienen problemas más importantes que la
disputa por no haber ordenado el cuarto o por qué programa ver en la TV... Que
hay familias en las que uno de sus miembros está gravemente enfermo, o quizás
no tan grave, pero sí irreversiblemente enfermo… La convivencia es dura en
todas las familias, pero recuerda: siempre habrá alguien que tenga un problema
mayor... El tuyo no es el fin del mundo, aunque a tí te lo parezca; algo
positivo habrá: tendrás un familiar enfermo, pero estará vivo… Otro, quizás
tenga ese mismo familiar recientemente fallecido... No te llevarás bien con tu
hermano, pero hay gente que llora por ser hijo único… y como éstos, cientos de
casos, y cada uno distinto... Se suele decir que la familia no se escoge, que
lo que se escogen son los amigos. A mí me gusta mucho el corolario: A veces
tampoco se escogen los amigos, aparecen en tu vida. Algunos se van… otros
vuelven… algunos te harán daño y otros te colmarán de alegría… pero, mientras
todo esto ocurre en tu vida, tu familia está ahí... siempre está ahí, con sus
más y sus menos… con sus tira y afloja… que muchas veces te “sacarán de quicio”
y otras tantas te harán reír a carcajadas…
Otros tesoros que
tenemos, pero de los que nos quejamos con frecuencia son: la oportunidad de
estudiar, y más concretamente, estudiar lo que queremos/lo que nos gusta. La
oportunidad de trabajar –aunque siempre queramos un mejor sueldo, más vacaciones,
o menos obligaciones-. El tener un hogar al que regresar después de un día duro
–ya sea una casa pequeña, ya sea una habitación compartida, ya sea un dúplex en
la Moraleja o una casa en la montaña-. La comida en el plato –unos días nos
gustará más, otros días no será nuestro plato favorito, pero es comida, y la
tenemos todos los días-….
En estos tiempos en los que la tecnología evoluciona a ritmo
de una exponencial extremadamente creciente, nos quejamos y nos quejamos
porque… el vecino de enfrente tiene una mejor tele que yo –es que se ha
comprado una Samsung con 3D… -. El iPod de
mi amigo tiene el doble de gigas que el mío... Quiero otro ordenador –el que tengo
funciona, pero es que el “ultra MacBook plateado es taaannn bonito….”-. Quiero un móvil nuevo, que el que tengo ya
tiene año y medio… funcionar, funciona, y muy bien por cierto, pero es que acaban
de sacar el siguiente modelo… Pedimos y pedimos… nos quejamos y nos quejamos...
pero nos olvidamos, que ya disponemos de todos esos dispositivos... que quizás
no tengamos el último modelo, pero tampoco hace falta que lo sea… Tienes, lo
usas y te sirve, ¿no?, ¿para qué quieres más? A veces pecamos de avaricia y lo
disfrazamos de “amor a la tecnología”… olvidándonos de lo realmente
importante….
Yo solo he enumerado unos cuantos tesoros, pero si te paras
a pensar, verás que hay otros muchos más... Que la lista es muy amplia cuando
se trata de estas pequeñas grandes cosas… y que cada uno de nosotros tiene,
realmente, mucho más de lo que se cree que tiene. El por qué ya te lo dije… es
cuestión de pararse a pensar y saberlo valorar…

